Cuarto principio

Cuarto principio

Es necesario que muchos más corazones se reconozcan en su medida, respiremos para sentirnos, para unirnos, para empoderarnos y decidir: ¡este es el momento!

Es importante que  hayamos  tenido la experiencia del tercer principio en el que se dice que todo está en movimiento y todo cambia,  porque ahora que entramos en el cuarto principio que es la ley de la polaridad,  si no conociéramos que es posible cambiar, gracias al movimiento, pensaríamos que si en un momento nos encontramos inmersos en la más profunda tristeza debemos pasar así toda nuestra existencia.

Y, aunque hay muchos Seres que realmente se dejan llevar y pueden pasar toda su existencia inmersos en la tristeza, debemos aprender que somos nosotros quienes decidimos en que punto de la medida, en que gradiente queremos estar.

El movimiento es vida y la vida está en nosotros, así ejerzamos nuestro poder, el poder de la vida, para cambiar todo cuanto no nos beneficie, todo cuanto no nos sane, todo cuanto no nos equilibre y no nos armonice.

Evidentemente nuestra experiencia debe pasar por todos los extremos, por las experiencias llenas de luz y por las experiencias llenas de oscuridad, así vamos aprendiendo y enriqueciendo a la creación, a esa energía primigenia que se expande eternamente para conocerse. Pero también, si no lo hemos aprendido ya, debemos  aprender que somos nosotros quienes decidimos cuando vivimos en la Luz o en la oscuridad, porque la elección es nuestra en cada instante.

Porque somos plenamente libres en nuestro origen y a veces olvidamos ejercer esta libertad, a veces por condicionamientos mentales, a veces porque pensamos que físicamente no tendremos la suficiente energía. Pero basta  a veces un simple movimiento, una respiración consciente, para transformar, para cambiar y situarnos en el gradiente que más nos beneficie, y si nos beneficia a nosotros beneficia a todos y a todo.

Por eso agradezcamos al Universo todas las experiencias, pues nos permite en cada una de ellas decidir desde donde vivirlas, comprenderlas y aceptarlas.

Todos poseemos muchos gradientes en nosotros cuyo centro es precisamente nuestro corazón. Es como si tuviéramos en él, una rueda con muchos radios, radios que se unen para formar diámetros y son estos diámetros que unen dos radios los que nos muestran la polaridad.

Eso también nos da idea de que  no podemos comparar el Amor con el frío o el odio con el calor, porque son clases distintas, aunque a veces el odio nos enciende y el amor a veces nos enfría. Así cada uno de estos radios que se unen para constituirse en diámetros en nuestro corazón, forman un círculo, un círculo en el que podemos incluir todos nuestros sentires, y en la medida en que podemos vivirlos cada vez más cerca de este punto central nos es mucho más fácil comprender la polaridad. Porque este punto central es el que transforma el Amor en odio, el odio en Amor, la alegría en tristeza, la tristeza en alegría y así para cada uno de estos diámetros.

Eso no significa que vivamos siempre desde este punto central, sino que las experiencias son precisamente para movernos a través de estos radios y así poder aprender, pero sí que es importante que volvamos al punto central cuando nosotros lo decidamos, que no nos mantengamos fuera de este centro porque es mucho más fácil que nos desequilibramos y nos inarmonicemos.

Si sentimos la vida en nosotros, si sentimos nuestro corazón, despertaremos en nosotros todas las emociones y compartidas con nuestra mente van a crear nuestros sentimientos, más somos nosotros quienes tenemos el poder de gobernarlos y a veces lo olvidamos.

Esta polaridad que se muestra en todo lo creado se experimenta a cada momento y a lo largo del día pasamos por distintos gradientes. Si nos dejamos llevar seguramente seriamos como un velero sin rumbo, pero nosotros tenemos nuestro timón, que es nuestro corazón, y este timón siempre nos lleva a buen puerto, por mucho movimiento externo, por mucho oleaje, siempre podemos retomar el rumbo, simplemente hace falta tomar la decisión.

A menudo nos dejamos llevar y posponemos múltiples decisiones, que nuestra mente condiciona debido a nuestros pensamientos, por si no es el momento oportuno, porque aunque cambie nada cambia, porque es imposible, porque no hay tiempo, porque no puedo, porque ahora no quiero…

Situémonos de nuevo en el corazón para retomar nuestro poder. Desde el corazón, ahora es el momento, ahora puedo, ahora quiero, ahora es el momento oportuno,  si cambio todo cambia…

Iniciemos, pues, el movimiento. Sea el movimiento que cada uno sienta, pero si desde nuestro timón, desde nuestro corazón, movimiento sustentado en la energía amorosa, la energía que une todo lo creado. Iniciando el movimiento en el corazón este movimiento se convierte en armónico, y si, además, está sustentado en la energía amorosa se convierte en el movimiento armónico de la Luz,  que es el punto de encuentro de todo lo creado. Nuestro compromiso es llegar siquiera por un instante a este punto para experimentar la vida plena, la vida completa, la vida única en la que todos somos uno, en la que todos compartimos un mismo origen y destino.

Conozcamos, hoy, en este tiempo que nos dedicamos cuál es nuestro gradiente en nuestro corazón, para cada uno de los radios, y si debemos acercar alguno al centro hagámoslo con la respiración, inspirando aire, bajándolo hasta el corazón y desde el corazón exhalar y llevarlo a todas las partes. Así disolvemos la desmesura, así hacemos espacio para todo, así cada cosa tiene su lugar,  su espacio y su tiempo.

Encontremos hoy nuestra unidad de medida, una unidad de medida personal, singular para cada uno, porque a menudo para lo que para mí es frío para otro es calor, lo que para mí puede ser tristeza para otro puede ser alegría, lo que para mí puede ser Amor para otro puede ser odio…

Intentemos conocernos mejor, conocer nuestra medida y conociéndola decidir volver a ella cuando sea oportuno. Una vez conocida la unidad de medida aceptémosla y comprendámosla,  porque esta unidad de medida es única, puede ser parecida, pero es única y no es ni mejor ni peor, ni buena ni mala, ni grande ni pequeña… Eso son simplemente palabras que utilizamos para remarcar extremos, así pues si comprendemos este principio de la polaridad ajustemos nuestro gradiente a lo que queremos que sea nuestra experiencia,  y si muchos tenemos semejanza en nuestra unidad seguramente podremos transformar la vida en la Tierra.

Es necesario que muchos más corazones se reconozcan en su medida. Respiremos para sentirnos, para unirnos, para empoderarnos y decidir: ¡este es el momento!

con Amor y Luz- 22-04-2022

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